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¿Y AHORA QUE NO APARECE CRISTINA CONTRA QUIÉN TIRAMOS?

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No aparece en televisión, no aparece en twiter, no habla por la cadena nacional de radiodifusión. Luego, los medios monopólicos de la derecha argentina y la ofuscada oposición sólo hablan de las miserias que le quedan en su miserable argumentario. Por ejemplo, del útero que le extrajeron a Ofelia Wilhem, la anciana madre de 84 años de la Presidenta.

 

A falta de Cristina, vale con ventilar el útero de su madre en las páginas de La Nación de Buenos Aires. Tanto este diario como Clarín, que en los años de sangre habitualmente actuaron en favor de la dictadura videliana y del empresariado cómplice -hoy con la complicidad de diario español El País- siempre que pueden, barren basura como sustituto de los ataques personales a la Presidenta. La mirada ‘simpática’ de estos medios y de algunos políticos de la oposición vieron con esperanza y satisfacción inocultable los levantamientos policiales recientes. Está claro: a falta de militares golpistas , “les hacía ilusión” ver a uniformados policiales que tomaran el relevo, teniendo la cobertura cobarde de sus mujeres en la calle, como para darle un tono “popular” a su conducta definidamente sediciosa.

 

Es evidente para todos que el gobierno de la Presidenta ha cambiado su estrategia y que ha dejado de exponerse innecesariamente a los ataques desesperados de los medios de comunicación y los políticos sin ideas, que no atinan a estructurar una oposición creativa y racional con la que enfrentar a un gobierno popular y nacional como el que encabeza la Presidenta. Desde el exterior, los argentinos del exilio político o económico también tenemos críticas tranquilas para hacer a determinadas políticas nacionales que se debieron y se deben ejecutar, ajustar o rectificar.

 

También somos exigentes respecto de cuestiones que el gobierno nacional aún tiene pendiente y que --por las naturales complicaciones que implica gobernar a contracorriente del neoliberalismo económico y de parte de una clase media reaccionaria, que también ha asumido la ideología de una burguesía a la cual no pertenece-- llevar adelante a una nación como la nuestra se hace muy cuesta arriba. La clase media, que aun habla de la negrada o de los negros de mierda que nos gobiernan desde 2003, que aun con -o gracias a- la inflación, vive mejor, come mejor, hace más turismo interior o exterior que en el 2001 o durante Menem. Pero lo visceral se le ha subido el tarro y por impotencia al no saber ni querer reflexionar, criticar o proponer más allá de su propio ombligo, sólo odia e insulta a todo lo que huela a popular y patriótico.

Bajo condiciones históricamente diferentes esto ya le ocurrió a Perón y hoy le ocurre a Cristina Fernández. Entre otras, la diferencia respecto a 1955 y el peronismo de Cristina, es que hoy los intereses nucleados en la ambigüedad de la “contra” no pueden dar un golpe militar: deben pensar, proponer y -si les da el cuero- ganar las elecciones del 2015. Sin embargo el golpismo real, el que pretenden instaurar como siempre las grandes corporaciones y los “angelitos” del campo, los reyes del dólar del blanqueo paralelo, sigue presente, aunque con otras herramientas. La principal es la de erosionar al gobierno popular a través de una sistemática compaña de desinformación y mentira desde los medios de prensa y televisión sobre los reales e indiscutibles avances en la actividad económica concreta que vive el país y que se manifiesta en el nivel de consumo popular y sin exclusiones.

 

En la sorprendente política de derechos humanos instaurada a partir de 2003. En el mantenimiento y ampliación de los derechos ciudadanos y de la libertad irrestricta de expresión en todos los medios. En la promoción y el respeto al federalismo. En el asentamiento democrático que implican por ejemplo las PASO, elecciones primarias que permiten transparentar las alianzas democráticas, definir los candidatos más aptos para la lucha política y mejorar la calidad institucional del país. Pero, volviendo a nuestro tema: la Presidenta, con una estrategia de exposición diferente, afortunadamente sigue gobernando y confiamos en que sus continuadores políticos lo sigan haciendo más allá del 2015. Por lo tanto, creo que al útero de la señora Ofelia Wilheim, que tanto preocupa al diario La Nación de Buenos Aires, debemos agradecerle que hace más de 60 años haya permitido matrizar nada menos que a Cristina. Con nuestro sincero reconocimiento, deseamos su pronta mejoría.

 

Juan Pablo Jaroslavsky

Centro Argentino de Catalunya Socio