Coordinadora de Entidades Argentinas del Estado Español

Caracter
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size

Error
  • Error cargando datos de una subscripción
Home Opinión Articulos La abstención democrática de los inmigrantes

La abstención democrática de los inmigrantes

votar_o_no_votarDesde Tenerife, Patricio Reyes Caldarone, Coordinador por Canarias de la CEAEE y Vicepresidente de la Casa Argentina en Tenerife,

entidad fundadora y miembro de la Coordinadora de Entidades Argentinas en el Estado Español (CEAEE), nos hace llegar este interesante artículo que transcribimos, relativo a la abstención democrática de los inmigrantes.

Como hemos expresado anteriormente en nuestro portal web, el gobierno español ha entrado en una progresiva radicalización de su política contra los ciudadanos –personas, residentes en su territorio o que pretenden circular por él.

Su coartada es que lo manda la directiva europea de la Vergüenza (con voto favorable del PSOE y el PP) y los acuerdos policiales de Schengen, plasmados en la Ley de Extranjería.

La abstención democrática de los inmigrantes

Por Patricio Reyes Caldarone*

Una pregunta suele recorrer las conversaciones de los inmigrantes en épocas de elecciones: ¿A quién votamos? La respuesta no es fácil darla sin proponer un pequeño rodeo. Si tuviera que dar una respuesta corta, a la manera de charla de ascensor, la cuestión sería fácil: no votar, abstenerse.

Pero supongamos que nuestro ascensor se detiene un tiempo, algo así como un año y medio, que es la duración máxima en la que nos encierran a los inmigrantes que cometemos alguna infracción o falta administrativa (no delito) en temas de extranjería según una norma votada por los europarlamentarios el 18 de junio de 2008. En este caso, lógicamente, tendríamos un tiempo más que óptimo para argumentar al respecto.

Es lo que pretendo hacer en las próximas líneas: argumentar sobre la abstención democrática de los inmigrantes en base a las objeciones corrientes que suelen hacerse.

Primera objeción:

Siempre es necesaria la participación política a través del voto en los comicios.

Contestación:

La participación política puede darse de varios modos, entre ellos a través del voto en comicios electorales; pero también a través de la abstención política activa. De hecho, no son pocos los ejemplos históricos en los que, teniendo en cuenta una particular situación sociopolítica –generalmente una régimen dictatorial o fraudulento- se propugna la abstención, y aún desde fuerzas políticas con alta vocación electoral. Un ejemplo claro lo fue la abstención revolucionaria propuesta y llevada a cabo por Hipólito Yrigoyen y la Unión Cívica Radical en Argentina hacia fines del siglo XIX hasta conseguir una Ley de sufragio libre alcanzado recién en 1912. Lo mismo sucedió en el período iniciado por el dictador Uriburu en 1930 hasta 1943, la llamada Década Infame, en la que se propuso la abstención como forma de mostrar el desafecto ante un régimen contrario a las libertades públicas.

Segunda objeción:

Es preferible votar y el voto en blanco sería una forma legítima y participativa de mostrar nuestro desacuerdo con el régimen político o la forma en que los políticos –todos ellos- llevan los asuntos públicos.

Contestación:

Podría pensarse el voto en blanco como una opción contestataria –y así es expresado en varias ocasiones por el electorado- siempre y cuando ello se pueda plasmar de manera real en resultados políticos concretos.

El voto en blanco es una abstención activa voluntaria, en el sentido de que quien lo emite, si bien se sentiría identificado con el régimen político (siente que es “su deber” votar), rechaza las opciones electorales presentadas.

En algunos países hay que marcar una casilla indicada como “voto en blanco”, en otros vale un sobre vacío o un papel en blanco dentro del sobre. El efecto del voto en blanco es diferente según las leyes electorales: en ese caso habría que distinguir entre votos emitidos, votos válidos y votos nulos. En general, se entiende que los votos emitidos para que sean válidos no deben ser ni blancos ni nulos. Aunque en algunos sistemas electorales el voto en blanco es válido aunque no sea a favor de ningún candidato. Lógicamente, los votos nulos emitidos en ningún caso serán válidos.

En el caso español, la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General (LOREG), dedica su artículo 96 a la regulación de los votos nulos y en blanco. En el quinto y último párrafo del artículo se refiere al voto en blanco, en el que considera voto en blanco, pero válido, el sobre que no contenga papeleta y, en las elecciones para el Senado, las papeletas que no contengan indicación a favor de ninguno de los candidatos.

Ningunas de las formas de expresión de disconformidad con los candidatos, el sistema electoral o el régimen político (la abstención, el voto en blanco o el voto nulo) tiene consecuencias electorales en el reparto de escaños (salvo en el caso del voto en blanco -en caso que sea válido- cuando se calculan porcentajes sobre el voto válido, por ejemplo, en el caso de barreras electorales de exclusión que consistan en uno de dichos porcentajes) pero sí la tiene en cuanto a la mayor o menor legitimación del sistema.

Si el voto en blanco supone la protesta directa contra las candidaturas que se presentan (“ninguno de los candidatos que se presentan me interesa”), la abstención supone una desafectación o un desentendimiento del sistema en su conjunto y no sólo de quienes lo representan. Y es, en este último sentido en el que la abstención es políticamente más activa que el mero voto en blanco, y ello a pesar del uso terminológico inverso (abstención pasiva como abstención y abstención activa como voto en blanco o nulo).

Tercera objeción:

La cantidad y variedad ideológica de los diferentes partidos nos da la posibilidad de que alguno de ellos pueda cubrir razonablemente nuestras expectativas políticas.

Contestación:

Es cierto. En general suele haber una variedad importante de propuestas políticas electorales, con programas y propuestas que seguramente, revisando bien, algunas de ellas colmaría nuestra expectativa. Pero también puede darse el caso que, independientemente de mi mayor o menor identificación con tal o cual propuesta electoral, lo que me incomode o me provoque rechazo es el marco en el que dichas propuestas se insertan.

Supongamos que la política migratoria europea propicia el mantenimiento de Centros de Detención para aquellos inmigrantes que tengan faltas administrativas y que sea posible encerrarlos hasta un año y medio, para posteriormente expulsarlos. ¿Querríamos participar en tal régimen político consensuado por 27 países miembros? En este caso no estamos hablando de cuestiones técnicas como la regulación del mercado de las telecomunicaciones o de las ayudas a los horticultores o de medidas de protección del medio ambiente, sino de cuestiones que hacen a que dicho régimen político tenga una valoración de los seres humanos en cuanto personas y en cuanto ciudadanos que es incompatible con la defensa integral de los derechos humanos más básicos.

Cuarta objeción:

Es imposible cambiar las cosas si no se participa a través del voto.

Contestación:

También es posible cambiar las cosas mostrando la ilegitimidad de un estado de cosas mediante la no complicidad con un régimen político que las propicia. De hecho, la mayor preocupación de las élites políticas se refiere no tanto a los porcentajes sacados por los diferentes partidos en las contiendas electorales sino en el porcentaje de participación en las votaciones.

Quinta objeción:

La abstención se basa en una filosofía política basada en la desidia o en la desafección de los asuntos públicos que hace de los ciudadanos meros sujetos pasivos a merced de los poderosos.

Contestación:

La abstención en un proceso electoral determinado supone tan sólo una acción política dentro de un menú de opciones participativas y democráticas más amplias. Si existe una filosofía política de la abstención o desafección sería algo parecido a la planteada por Albert Hirschman en Exit, Voice and Loyalty. Este economista, planteaba que los individuos tienen en su disposición tres tipos de elección cuando están descontentos: el “exit”, la salida, la desafección o la reacción silenciosa; la protesta, la “voice”, la voz, la toma del discurso crítico, la protesta contra el motivo de su contrariedad o malestar; la “loyalty”, la lealtad ante la situación a pesar del malestar.

La abstención se encuadraría dentro del “Exit” de Hirschman, y en el marco de un proceso electoral concreto y determinado, lo cual no quiere decir que la “voz” y aún la “lealtad”, no se mantengan en otras acciones políticas según las circunstancias de los actores, el contexto y los objetivos políticos que se busquen, inclusive solapándose unas con otras.

En el caso de los inmigrantes puede darse un “exit” en relación a la participación política electoral mostrando la desafección con un régimen xenófobo (como el establecido en la UE a partir de la Directiva de la Vergüenza), una “voice”, mediante la protesta a través las asociaciones de inmigrantes y una “loyalty” que puede verse en la tramitación de los “papeles” necesarios para la residencia o la obtención de la ciudadanía a los fines de facilitar una mejor calidad de vida en cuanto a trabajo y vida cotidiana.

Más allá de las objeciones generales, ¿Cuáles serían las razones concretas por las que nos deberíamos abstener?

Las razones son varias. El primer lugar, si eres de derechas y votas un partido conservador o centrista que promete la reducción de impuestos es lógico que quieras que dicho programa electoral se cumpla. Cuando los tories y los demócratas liberales ingleses se hacen con el poder en el 2010 con dicho programa y, a los pocos meses, realizan una de las mayores subidas de impuestos de los últimos años, está claro que tu opinión poco cuenta. Si eres de izquierdas y tu gobierno socialdemócrata perpetra un recorte brutal en los derechos sociales, está claro que tu opinión poco cuenta. Si eres de izquierda y votas a una izquierda no socialdemócrata quisieras creer que quién dirige a la policía no cargue contra grupos sindicales de izquierda y, sobre todo, alegando la presencia de extranjeros en ellos (que es lo que sucedió con la brutal carga policial contra manifestantes en la ex sede del Banco Banesto en Barcelona durante la Huelga General del 29 de septiembre de 2010, donde el encargado político de la policía autonómica de ese entonces era Joan Saura, Consejero de Interior, Relaciones Institucionales y Participación de la Generalitat de Cataluña y jefe político de Iniciativa per Catalunya Verds y Esquerra Unida i Alternativa). Si ello es así está claro que tu opinión poco cuenta.

Pero también hay cuestiones más concretas:

Redadas policiales coordinadas a nivel europeo (como política institucional europea con independencia del signo político del gobierno de cada país); presencia de Centros de Internamiento de Extranjeros donde se les encierra hasta un año y medio por simples faltas administrativas; impunidad policial absoluta donde las torturas a los inmigrantes son exculpadas por diversos procedimientos, ya sea por indultos del Consejo de Ministros (caso de Mamadou Kane, en 2005), por artilugios legales (caso de los guardias civiles de Tavernes Blanques, de noviembre de 2010) o acusaciones no fundamentadas cuando el asunto se les va de las manos (asesinato de Osamuya Akpitaye en junio de 2007) entre otros casos que se extenderían hasta el infinito.

Abstención democrática ¿Hasta cuándo?

Hasta la liberación de los miles de presos políticos encerrados en los CIE’s por la política xenófoba determinada por la Directiva de la Vergüenza de junio de 2008, cuya abolición es una deuda pendiente de la democracia que habrá de sobrevenir de los escombros morales en los que esta Directiva ha dejado el territorio europeo.

Hasta la desaparición de los CIE’s y el juzgamiento de sus responsables políticos y administrativos por los delitos que en los mismos se hayan cometido.

Hasta la ratificación de la Convención Internacional sobre la Protección de los Trabajadores Migratorios y todos sus familiares, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1990, y que entró en vigor en el año 2003, y que aún no ha sido ratificada (hasta abril de 2011) por ningún Estado Miembro de la Unión Europea.

La abstención democrática se presenta como una acción política de reacción y repudio ante el lamentable estado actual de los derechos humanos en Europa.

. * Patricio Reyes Caldarone es Vicepresidente de Casa Argentina en Tenerife. Coordinador CEAEE por Canarias. Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración y Licenciado en Historia del Arte (Universidad de Buenos Aires). Posgrado en Control y Gestión de Políticas Públicas (FLACSO). Miembro de AECPA (Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración).