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Matheu y Larrea: Catalanes en la Revolución de Mayo

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Los amigos de la Comisión del Bicentenario han tenido la amabilidad de invitarme a este acto para que me refiera a la figura de los dos catalanes que participaron del Primer Gobierno Patrio, Domingo Matheu y Juan Larrea.

Lo que la historiografía define como “Revolución de Mayo” fue la resultante de un proceso iniciado medio siglo antes de que esta estallara y que tiene en los personajes a los que nos referiremos dos casos referenciales.

Representan la historia de aquellos miles de catalanes que a lo largo de nuestro pasado arribaron a la Argentina para labrarse un próspero destino. En este caso puntual, a los catalanes del siglo XVIII que vinieron al Río de la Plata estimulados por la nueva política de los monarcas borbones de reactivar la economía de la región. Nueva población, nuevas ideas, nuevos bríos.

Matheu y Larrea llegaron a Buenos Aires en los años en que esta se constituía en el gran puerto y capital del flamante Virreinato del Río de la Plata y años antes de que se produjeran los hechos de Mayo de 1810.

Ambos lograron una considerable posición económica beneficiados por ese comercio en auge, y los dos participaron del mismo movimiento político y de la misma causa: la emancipación de la corona española.

Domingo Matheu había nacido en Barcelona en 1765, y allí se graduó de piloto naval y junto a su hermano obtuvo un permiso para comerciar con las colonias, dentro del sistema monopólico imperante. Luego de varios viajes al Río de la Plata y de haber conformado un capital, se radicó en Buenos Aires en 1793, invirtiendo en la actividad mercantil. Su tienda pasó a ser una de las más grandes de la capital.

Juan Larrea, nació en Mataró, Cataluña  en 1782 y en 1800 ya se encontraba radicado en Buenos Aires dedicado a la actividad comercial.

Matheu y Larrea, en tiempos de las invasiones inglesas se enrolaron como oficiales del cuerpo de Miñones (Catalanes) y luego el Cuerpo de Voluntarios Urbanos de Cataluña, luchando codo a codo en la reconquista y luego defensa de Buenos Aires.

Las ideas políticas liberales que ambos profesaban, y el ascendiente progreso comercial de sus emprendimientos se combinaron para que alcanzaran rápidamente posiciones de poder, y que fueran buscados por los revolucionarios para que aportaran recursos para sostener la causa.

A estos dos elementos mencionados, su ideología y su voluntad de contribución económica, se sumó otro de relevancia para poder explicar su protagonismo que ambos adquirieron en Mayo de 1810, la construcción política. La conformación de la Primera Junta es la demostración más palpable de una ecuación política.

Matheu y Larrea pertenecían al Partido Republicano, conformado por españoles europeos. A diferencia del grupo independentista criollo, tenían un centro de poder en el Cabildo de Buenos Aires, dominado por ellos. Perseguía la Independencia del Río de la Plata pero aspiraban a constituir un nuevo gobierno que no excluyera a los españoles europeos, que eran en su mayoría quienes tenían el control del comercio. Es decir, querían conservar el sistema comercial que hasta ese momento los había beneficiado pero introducir cambios políticos y republicanos para gobernar un país independiente de España.

En definitiva, la Revolución de Mayo fue una coalición entre el Partido de la Independencia, integrado por criollos y liderados por Belgrano, Castelli, Saavedra, Paso y Azcuénaga y entre el Partido Republicano, liderado por Matheu, Larrea y Mariano Moreno.

Es decir, la Primera Junta es también el primer gobierno de coalición de la Argentina.

El grupo de los Militares, que no alcanzó a formar partido, dividían sus lealtades entre los partidos mencionados y por lo tanto la unión de los independentistas y los republicados contribuyó a la adhesión de los militares. Se le otorgó la presidencia de la Junta a Saavedra, por ser nada menos que el jefe del regimiento más poderoso de la ciudad. La mayoría de las vocalías fueron asignadas al Partido de la Independencia, para garantizar la presencia de la elite intelectual criolla y liberal y calmar así a los jóvenes de la denominada Legión Infernal. En tanto que dos vocalías y la estratégica secretaría de la Junta fue otorgada a representante del Partido Repúblicano, lo que venía a significar el lugar del establishment económico que no quería perder los privilegios adquiridos pero si librarse de los errores de las políticas implementadas desde Madrid por la corona Española.

En mérito a su colaboración económica y política Matheu fue uno de esos vocales de la Primera Junta . A sus 45 años de edad era uno de los hombres de con mayor experiencia para la gestión.

Pocos saben que aquel hombre nacido en Cataluña rigió los máximos destinos de la Patria, al ser designado como presidente de la Junta Grande,  desde diciembre de 1810 a septiembre de 1811.

Tiempos difíciles y claves para el movimiento revolucionario, cuando los realistas, apostados en Montevideo, estaban a pocos kilómetros de distancia de aquel foco de libertad. Pocos refuerzos enviados desde la península habrían bastado para retomar el control de Buenos Aires y hacer pagar con la muerte la osadía de los rebeldes.

Fue su lealtad y capacidad puesta al servicio del movimiento patrio lo que motivó su designación, en septiembre de 1811, como administrador del ramo de Guerra. Así, en su carácter de director de la fábrica de fusiles y comisario de vestuarios, aprovechando las relaciones adquiridas en su práctica del comercio, casi sin recursos, forma el ejército de la revolución. Como bien señalaron, los historiadores Piccirili, Román y Gianello, “En aquellas difíciles circunstancia, la parte económica tenía tanta gravitación como el idealismo o la valentía”. Su actividad, y su propio peculio permitió el equipamiento de los ejércitos del Norte, Paraguay y Uruguay, entre ellas las tropas que acompañaron a Belgrano en su paso por Rosario y en la construcción de sus baterías, en 1812, cuando se creó la Bandera Celeste y Blanca. Al igual que lo hiciera el rosarino Vicente Anastasio Echeverría, aportó recursos para armar la primera escuadra y las primeras expediciones militares al interior.

Ya declarada la Independencia Argentina, en 1817 decidió alejarse de la política y la función pública alegando motivos de salud. Tenía 52 años de edad, y era para ese entonces ya un anciano que podía dedicar el resto de su vida al descanso.

Siguió contribuyendo económicamente con el movimiento emancipador.

Murió en Buenos Aires, el 28 de marzo de 1831.

Juan Larrea, dijimos, también integró la primera junta como vocal en 1810, por el Partido Republicano. Cuando Castelli y Belgrano, los conciliadores políticos de la Junta tuvieron que viajar al interior para asumir cargos militares, la Primera Junta se dividió en dos grandes influencias, la de Saavedra, más conservadora, y la de Moreno, más revolucionaria. Larrea y Matheu hicieron causa común con Moreno y cuando este último dejó el gobierno, permanecieron en sus cargos como representantes del “morenismo” en abierta oposición al “saavedrismo”, pero luego de la Asonada del 5 y 6 de abril de 1810, que significó la imposición por la fuerza de este último sector, Larrea fue confinado, junto a los vocales Azcuénaga, Rodríguez Peña y Vieytes, y Posadas, French y Berrutti, a las provincias del interior, y Belgrano y Castelli sometidos a proceso.

Larrea tuvo a la provincia de San Juan por cárcel.

Regresó en 1812, cuando se impuso la Logia Lautaro en el gobierno, (aquí habría que señalar que tanto Larrea como Matheu fueron masones iniciados en la misma logia, La Independencia) y fue electo miembro de la Asamblea General Constituyente, de la que participó de esa manera como redactor de las leyes de la Asamblea del Año XIII. Entre las leyes que contaron con el voto de Juan Larrea fueron: la declaración de la libertad de vientres, creación de la facultad de medicina, extinción del tribunal de la inquisición, reglamento general de justicia, libertad de los esclavos que se introdujeran en el territorio de la nación, etc. Como presidente de la mencionada Asamblea del Año XIII, impulsó y votó la ley declarando fiesta cívica al 25 de Mayo, la ley que establecía la extinción de todos los títulos de condes, marqueses y barones en el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata; la abolición de la tortura o tormentos que hasta entonces se utilizaba para la averiguación de los crímenes. También lleva su firma la creación de un instituto militar, y del Himno Nacional.

En 1814 el Director Posadas lo nombró Ministro del Tesoro, debido a la fama de buen administrador que tenía al igual que Matheu. Desde este cargo, impulsó la creación de la flota naval al mando de Guillermo Brown, incluso aportando su propio dinero. Con la caída del Directorio y la Asamblea, en 1815, fue nuevamente desterrado y sus bienes fueron confiscados.

En cinco años de actividad revolucionaria perdió todos sus bienes y tuvo que comenzar en el comercio como en 1800.

Años más tarde fue designado cónsul general en Francia, donde vivió por varios años.

Aquí, en apretada síntesis, nos hemos referido a los dos vocales catalanes del Primer Gobierno patrio, quizás no son los más recordados en comparación con sus colegas pero como aquí se expuso, fueron no sólo protagonistas sino funcionales y artífices de un momento clave de la historia nacional. Es la historia de la influencia de los terruños, de las ciudades puertos, de las ansias de progresar, vivir mejor, de lo posible, de la integración de intereses, de la política como construcción, del poder de las ideas…

Palabras de Miguel Angel De Marco (h) en la firma del Convenio entre la Municipalidad  de Rosario y la Comisión Argentino Catalana del Bicentenario.